domingo, 17 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

¿Cuenca existe?

Es un habitación grande, de paredes blancas adornadas con fotografías en blanco y negro tomadas por Ronny Jaques. Billie Holiday nos guiña un ojo desde la pared que justo tenemos enfrente, y, que a diferencia de las demás, luce de un rojo tostado, posiblemente, para hacer el ambiente más cálido. Hemos bajado las luces, el humo de dos varitas de incienso Nag Champa bailotea en el aire bajo los acordes de "Wish U Were here". Hay dos candelabros en el suelo y dieciseis velas encendidas que tiritan desde diferentes puntos de la habitación. Catorce son blancas. Rojas, sólo hay dos.


La cama es enorme y está llena de almohadones de diferente colores cálidos y otoñales. Estoy sentada justo detrás tuya; con mis piernas abrazo tu cintura, mis brazos te rodean y juguetean con tus pechos mientras mi lengua dibuja círculos en tu nuca. Aparto tu pelo, te beso detrás de la oreja, mordisqueo tu cuello y con un dedo voy redibujando tus labios mientras tú intentas atraparlo con tu boca. Sigues de espaldas a mí y te arqueas hacia atrás apoyando tu cabeza en mi hombro. Alzas los brazos y tus manos se enmarañan con mi pelo. Ahora puedo besar tu garganta mientras tus susurros, tus suspiros y tu respiración acompasada, se pierde en mi oído izquierdo. Tu labios juguetean con mi lóbulo, mi mano derecha se entretiene redondeando tus pezones y la izquierda, impaciente, desciende por tu tripa, y mientras mis rodillas abren tus piernas, se cuela entre tus muslos. Aún llevas algo de ropa, te acaricio por encima de ella y cuando ya no puedo más, y cuando ya no puedes más, me doy la vuelta. Me situo frente a ti y comienzas a besarme mientras me recojo el pelo. Me ayudas a desprenderte del pequeño trozo de algodón que te cubre y comienzo a descender desde tu ombligo, del que me despido con seis besos...



lunes, 4 de mayo de 2009

Adivinanzas

Te dije que terminarías recogiéndote el pelo para mí, y ni tu inocencia ni tú, entendisteis el por qué. Satisfecha tu duda y resueltos mis placeres, puedes volver a soltarlo


lunes, 27 de abril de 2009

Esto es Mitte y es Berlín; lo demás, apenas ensayos de la noche.

Avanza la noche y dos mujeres se besan a mitad de la calle sin que un dedo flamígero las señale; un hombre elegante pasa llorando por-quién-sabe-qué-cosa y nadie lo mira; por ahí una joven arrastra un radiador, tirando de él como si fuera un perro; un lector demorado hojea con aburrimiento y a la luz de un farol el Berliner Zeitung, y las bicicletas -que no los coches- cruzan y dibujan la geografía de Berlín como si fueran las flechas de una tribu de indios que ha declarado la guerra a un enemigo desconocido

Querer entender a Berlín es asumir una actitud que, como no sea al psiquiatra, no conduce a ningún sitio.
Mejor es dejarse llevar por la mano de una ciudad bizarra que vestida de neón no defrauda a nadie. Por ahí, en algún sitio -de nada sirve dudarlo- hay una mujer otoñal que bailando espera la llegada de su Humphrey Bogart; o un Humphrey Bogart que, harto de sí mismo, desea que a sus espaldas, entre sudor, humo de cigarrillo y alcohol metabolizado, aparezca Ingrid Bergman para redimirlo ¿Siempre tendremos Berlín? No, Berlín nunca es para siempre.

Un violinista callejero hace sonar el Ave María de Schubert para despertar a Berlín y ganarse unas monedas, aunque bien es cierto que nadie ha dormido. El Nacht Bus va recogiendo a tantos seres tan dispares y distintos que bien podría tratarse de una versión postmoderna del Arca de Noé. Suben el punk y su pastor alemán que se dirigen hacia ningún sitio, pero siguen juntos y se les mira felices. Abordan las prostitutas, los indigentes, la pareja de adolescentes que quizá mañana despierten juntos sin haber intercambiado entre sí la contraseña de sus nombres. Más tarde un francés, un turco, un vendedor peruano, una italiana, un judío. Convoy de damnificados que, gracias al cielo, no se dirige a Auschwitz sino a casa, y recorre las calles de Berlín custodiado por la fragilidad de unos cuantos locos que pedalean invencibles por Mitte, Wedding, Prenzlauer Berg, Schöneberg, Kreuzberg, Tiergarten….

Es entonces que alguien saca de su bolso un papel amarillo que compró a el más mitológico de los animales modernos: un vendedor de poemas con sombrero a lo Rembrandt, chaqueta amarilla y tristeza en la mirada. Se ajusta los cascos y lee:


(...) ¡Qué exuberancia
en este loco mundo
sobre este barco bamboleante!
Pero así es la vida extrañamente bella
y me gustaría, como ayer
morir en un nuevo día,
el que ya me ilusiona,
cantando abrir mi hogar de flores y
jugar con todo lo que allí hay y llega
en el circo de la vida
variopinta.














































jueves, 16 de abril de 2009

domingo, 5 de abril de 2009

La cornisa de las cosas imposibles

Malos tiempos para ser incoherente, impulsiva, espontánea. No es muy maduro eso de llevarse la contraria a una misma. No queda bien intuir en lugar de razonar. No parece inteligente tener corazonadas y sentir en consecuencia. Siempre aparece una Wendy Pan dispuesta a recordarte que igual Nunca Jamás valió la pena. Siempre hay una mirada condescendiente deseándote suerte... otra vez.

Pues yo me niego, oiga.

A todos aquellos que alguna vez se han dejado la piel por dejarse llevar, a todos los que mandaron su razón a la mierda y lo hicieron de todo corazón, a los que ya no encuentran porque se lo han buscado, a los que prefieren vivir de esta manera antes que irse muriendo de cualquier otra, a los que eligen desterrarse de toda estabilidad y exiliarse de cualquier cosa parecida a la comodidad. Hedonistas por encargo, suicidas a domicilio, inquietos por vocación.



jueves, 2 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

La más guapa de la clase

Apareció por el salón con una botella de vino en la mano. Sonaba ésta canción, la bailaba mientras abría la botella con un sacacorchos y sostenía un cigarrillo entre sus labios. Podía pasarme horas observándola. Era insultantemente guapa.
No, definitivamente no se puede ser la más guapa de la clase cuando eres la profesora.

Conseguí robarle algunos besos y un libro de Chagall.


domingo, 29 de marzo de 2009

El juego del teléfono

De cinco a seis y cada 3x4

Solía pasar siempre a la misma hora.

Sus desgastados zapatos arrastraban por la acera tirando de un cuerpo estirado y robusto que dejaba escapar retazos de una fornida juventud. Sus manos, anudadas a la espalda, blanqueaban la calle con el humo de un cigarrillo negro a medio consumir. Siempre vestía un traje de chaqueta. Siempre el mismo. De un beige claro, gastado... oxidado y donde el lino había acogido sin rubor el paso del tiempo. La azotea de su cuerpo la coronaba un sombrero marrón que brindaba sombra a una tez oscura llena de surcos, y por donde alguna vez que otra, bajaba una gotita de sudor despistada que el atrapaba con un pañuelo solitario que sacaba del bolsillo de su chaqueta. El destello azul de unos ojos pequeños y escondidos dulcificaba su expresión. Y el, dulcificaba mis días.

Solía silbar una canción, lo cual para mi se traducía en una sutil felicidad que dejaba escapar de entre sus labios. Siempre silbaba la misma. La reconocí el primer día que la oí; mi despertar melómano coincidió con el descubirmiento de mi hermano del gran Sinatra , y por aquellos entonces, sus canciones solían subir en espiral por el hueco de la escalera de la casa de mis padres hasta mecerse en mis oídos. El siempre silbaba una de las de entonces y su rápido reconocimiento me hizo esbozar una sonrisa y despertar mi atención que ya siempre, y a esa hora, se centró en el.

Yo siempre lo esperaba en la puerta y a su paso, le daba los buenos días. El me regalaba una sonrisa y continuaba su camino hacia ningún lugar hasta que su silbido, el arrastrar de sus pies y sabe Dios qué más, se perdía calle abajo. A veces detenía sus pisadas en medio del paso de peatones, desanudaba sus brazos de la espalda y abrazaba a una mujer imaginaria con la que bailaba haciendo círculos las notas de su canción. La primera vez que lo vi de puntillas abrazando por la cintura al aire casi salgo corriendo a rellenar con mi cuerpo tan delicado vacío.

Una vez a su paso se detuvo ante mí y con una reverencia de la más digna de las princesas saco de su sombrero una margarita que sembró entre mis manos. Recolocó el sombrero en su desordenada cabeza con una serenidad enternecedora, y continuó su caminar sin destino. Yo le puse letra a los acordes silbados que ya comenzaban a flotar en el aire y le canté su canción. -Sos muy linda- me dijo, y me dedicó una sonrisa a la que acompaño la rubrica de unos pasos de su baile.

Me quedé observándole calle abajo con su margarita entre mis manos y al llegar a la altura del muro, aquel viejo adorable alzó la pierna para anudarse el cordón del zapato. Y mientras silbaba feliz y hacía la lazada, el pernil de su pantalón dejó adivinar un calcetín lleno de colores por donde asomaba la cara de Mafalda.

Después de un tiempo descubrí que más arriba de la calle había un centro psiquiátrico donde vivía mi viejo amigo, y que sus paseos correspondían a su la hora de recreo diaria. Estaba loco decían.

Y entonces yo, también deseé estarlo.


sábado, 14 de marzo de 2009

...




Sé que son doce. Doce lunares franquean tu espalda. Yo siempre vuelvo a contarlos y ellos, desafiantes, orgullosos y soberbios me invitan a cogerte del pelo. Una vez más. Otra vez más.

A mi ese me parece un buen comienzo, aunque contigo, con tu espalda, tus lunares y cada una de tus constelaciones de pecas, los finales siempre me han gustado más.

Hoy la música la pones tú...

viernes, 6 de marzo de 2009

Louie Austen - Glamour Girl (Hotel Costes)

Jean-Louis Costes, propietario del famoso hotel parisino que lleva su apellido, ofrecía a finales de la década de los noventa a un joven Stephané Pompougnac tomar las riendas musicales del mencionado hotel. Convirtiéndose así en Dj residente, Pompugnac atrajo con sus personales sesiones, alejadas de pistas de bailes, a la clientela más sofisticada de París. La gente salía de allí sientiéndose el colmo de la modernidad.

En 1999 y ante las incesantes peticiones de la clientela de obtener copias de dichas sesiones, veía la luz el primer recopilario compilado por el joven Dj editado por la discográfica francesa Pschent. Su nombre Hotel Costes.

No soy partidaria de las recopilaciones. Pero considero que los Hotel Costes son una herramienta imprescindible para tener cierta idea de que se está componiendo en el panorama del electro-pop,nu-jazz, lounge, trip-hop, nu-soul...

Sofisticados, elegantes, delicados en la selección de los temas, exquisito en los remixes... ¡ADORO A LOS PUTOS HOTEL COSTES!

Hace dos veranos pinche este tema en un bar de tonos azulados en algún lugar cerca del mar. Una chica con un vaporoso vestido blanco lo bailo encima de una mesa y yo quise soltar los platos y bailarlo con ella. O junto a ella. O sobre ella. No sé bien..


lunes, 2 de marzo de 2009

Jane Birkin - Lolita Go Home

Definitivamente nací en la década y en el lugar equivocado.




jueves, 26 de febrero de 2009

Damien Rice - Crimes




El equipo de música de mi habitación nunca tuvo la hora ajustada. De esta forma la luz verde del 00:00 parpadea. Toda la noche.
Y yo creo que estoy en un motel de carretera...


martes, 24 de febrero de 2009

Goldfrapp - Ooh La La

¿Por qué cierras los ojos mientras te enjabonas el cuerpo?
Yo no estoy preparada para tanta ternura.

Switch me on, turn me up!!

jueves, 12 de febrero de 2009

Nicos - Passione (Siddharta)

Existen melodias que merecen un auténtico ritual. Esto es; unos buenos cascos, una luz tenue, anaranjada a ser posible, y unas varitas de Nag Champa. Sólo por citar alguno de ellos.

Os aseguro un viaje por los sentidos*

Y ahora me voy a la Lisboa de Pessoa, la de los tranvías amarillos y los cafés con fado. La de los restaurantes decimonónicos y las farolas color ocre.
Existen lugares que uno nunca debería perderse y suelen ser lo mismos a los que uno siempre desea volver.

Traere una post[al]

*La calidad de sonido del video es francamente mala, quizá las emociones se vean resentidas. Escuchar el original en el reproductor es...ay.


domingo, 8 de febrero de 2009

Músicos callejeros - Stand by Me

Cinco minutos para esbozar una sonrisa, para reconciliarse un poco con el planeta, para no desesperar ante tanta injusticia... Con la música como excusa para recorrer medio mundo con un mensaje de paz. De Sudáfrica a Barcelona, pasando por California y Pisa.

Detrás de esta aventura socio-musical se encuentra el proyecto 'Playing for change', coordinado por Mark Johnson, quien hace más de siete años decidió reunir a un grupo de colaboradores, coger un equipo de grabación móvil, una cámara y recorrer el mundo en busca de músicos callejeros.

El objetivo de toda esta iniciativa es dar oportunidades a quienes tratan de ganarse la vida desplegando su arte en la calle y mejorar, en la medida de lo posible, sus condiciones de vida. La música siempre ha sido un lenguaje universal y ellos quieren que este mensaje llegue a todos los rincones. A través de su fundación, ya han podido levantar la primera escuela de música de la Fundación Playing for Change en Sudáfrica. Y la música sigue sonando.

A veces me gustaría llevar sombrero. Para poder quitarmelo, claro.


jueves, 5 de febrero de 2009

Adolf Busch plays Bach

Comenzó a tocar el violín y las cuerdas eran los nervios de su propio brazo...