lunes, 8 de junio de 2009

Uno más uno, tres.

Llevas la barriga y los muslos salpicados de pintura de colores. Estás descalza en tu estudio, blandiendo el aire a brochazos, goteando fotos mías que has pegado en papeles de periódico. Te has recogido el pelo y algunos mechones rebeldes danzan sueltos columpíandose sobre tus hombros.

Te observo tumbada desde el futón de la esquina. Cuando no te gusta el resultado final, lanzas por el aire la pieza, regando de color todo lo pilla a su paso. Si estuvieras algo más loca diría que eres la María Elena de Allen. Aunque ella no tiene esa cicatriz en la ceja a la que yo cada día puse un nombre distinto.
Resoplas, lanzas un grito enérgico,coges aire y vuelves a empezar. Y yo, mientras, repaso cardenales, sin saber muy bien cuantos de ellos son tuyos

martes, 2 de junio de 2009

25 hours



Desde bien pequeña declaré la guerra a la razón e inicié un camino alentado por mis visceras. Realmente no me ha ido mal del todo; quizá sea verdad que algunos poseemos un instinto especial, que nos conduce, reconduce y nos guía. No lo sé. Tampoco me importa. Soy jodidamente felíz con mis suicidios cotidianos.

Sé por qué aquella señora nos hizo una foto. Tomó aquella imagen porque vistas desde fuera, parecíamos una encantadora pareja consolidada. Seguro, que mientras estábamos en aquel adorable callejón, mientras yo tomaba unas fotos a los stencils de la pared y tú me obserbavas apoyada en aquel coche, nadie imaginó que yo, casi había atravesado el país para encerrarme en un hotel contigo. Nos besamos apoyadas en el cristal de aquel viejo coche y bajamos aquella pequeña calle de adoquines, abrazadas... descartando la posibilidad de parar en cualquier bar en pro de volver a nuestra guarida. Sí, pensarían que íbamos a casa, que éramos dos chicas monas que se profesaban amor, que paseaban apacibles por las calles de la ciudad y volvian a su hogar, uno lleno de libros, de cuadros pitando por tí, de fotografías mías, con una enorme cama con mosquitera blanca y donde a la hora de la cena siempre sonaba el jazz.

También yo me he quedado con tu olor, con el lunar cercano a tu axila, con tu lengua, que ante la timidez, asoma por la comisura derecha de tus labios. Con los tirabuzones de tu nuca, con tu movimiento pausado, como el de aquel ciervo moteado que con sigilo, alza el cuello husmeando el aire en busca de su presa.
Tu respiración trás mi espalda al dormir, profunda, acompasada, guió mi sueño..., a mí, que no me gusta soñar, y sin embargo, hay días que no hago otra cosa más que decorar la nube en la que vivo, y que sí, está llena de señores que lucen un calcetín de Mafalda y que me recuerdan que 25 horas no son nada, y sin embargo en el mundo pirata, pueden ser mucho más de lo que tienen muchas personas, unidas por pares, a lo largo de su vida.

Pero, no intimemos no...
Que lo nuestro, sin duda, es follar.

domingo, 31 de mayo de 2009

Aves de paso

A las flores de un día,
que no duraban,
que no dolían,
que te besaban,
que se perdían.

Damas de noche,
que en el asiento de atrás de un coche,
no preguntaban si las querías.

Aves de paso,
como pañuelos cura-fracasos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Mi querida Marguerite...



Los cínicos y los moralistas están de acuerdo en incluir las voluptuosidades del amor entre los goces llamados groseros, entre el placer de beber y el de comer, y a la vez, puesto que están seguros de que podemos pasarnos sin ellas, las declaran menos indispensables que aquellos goces. De un moralista espero cualquier cosa, pero me asombra que un cínico pueda engañarse así. Pongamos que unos y otros temen a sus demonios, ya sea porque luchan contra ellos o se abandonan, y que tratan de rebajar su placer buscando privarlo de su fuerza casi terrible ante la cual sucumben, y de su extraño misterio en el que se pierden.
Creeré en esa asimilación del amor a los goces puramente físicos (suponiendo que existan como tales) el día en que haya visto a un gastrónomo llorar de deleite ante su plato favorito, como un amante sobre un hombro juvenil.

De todos nuestros juegos, es el único que amenaza trastornar el alma, y el único donde el jugador se abandona por fuerza al delirio del cuerpo. No es indispensable que el bebedor abdique de su razón, pero el amante que conserva la suya no obedece del todo a su dios. La abstinencia o el exceso comprometen al hombre solo; pero salvo en el caso de Diógenes, cuyas limitaciones y cuya razonable aceptación de lo peor se advierten por sí mismas, todo movimiento sensual nos pone en presencia del Otro, nos implica en las exigencias y las servidumbres de la elección.
No sé de nada donde el hombre se resuelva por razones más simples y más ineluctables, donde el objeto elegido sea pesado con más exactitud en su peso bruto de delicias, donde el buscador de verdades tenga mayor probabilidad de juzgar la criatura desnuda. Partiendo de un despojamiento que iguala el de la muerte, de una humildad que excede la de la derrota y la plegaria, me maravillo de ver restablecerse cada vez la complejidad de las negativas, las responsabilidades, los dones, las tristes confesiones, las frágiles mentiras, los apasionados compromisos entre mis placeres y los del Otro, tantos vínculos irrompibles y que sin embargo se desatan tan pronto.

El juego misterioso que va del amor a un cuerpo al amor de una persona me ha parecido lo bastante bello como para consagrarle parte de mi vida. Las palabras engañan, puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez las nociones de tibieza, dulzura, intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía y grito.

Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar

miércoles, 20 de mayo de 2009

El filtro de censura del pensamiento

Creemos que al soñar perdemos un tercio de nuestra vida.
Y nos equivocamos.


domingo, 17 de mayo de 2009

jueves, 14 de mayo de 2009

¿Cuenca existe?

Es un habitación grande, de paredes blancas adornadas con fotografías en blanco y negro tomadas por Ronny Jaques. Billie Holiday nos guiña un ojo desde la pared que justo tenemos enfrente, y, que a diferencia de las demás, luce de un rojo tostado, posiblemente, para hacer el ambiente más cálido. Hemos bajado las luces, el humo de dos varitas de incienso Nag Champa bailotea en el aire bajo los acordes de "Wish U Were here". Hay dos candelabros en el suelo y dieciseis velas encendidas que tiritan desde diferentes puntos de la habitación. Catorce son blancas. Rojas, sólo hay dos.


La cama es enorme y está llena de almohadones de diferente colores cálidos y otoñales. Estoy sentada justo detrás tuya; con mis piernas abrazo tu cintura, mis brazos te rodean y juguetean con tus pechos mientras mi lengua dibuja círculos en tu nuca. Aparto tu pelo, te beso detrás de la oreja, mordisqueo tu cuello y con un dedo voy redibujando tus labios mientras tú intentas atraparlo con tu boca. Sigues de espaldas a mí y te arqueas hacia atrás apoyando tu cabeza en mi hombro. Alzas los brazos y tus manos se enmarañan con mi pelo. Ahora puedo besar tu garganta mientras tus susurros, tus suspiros y tu respiración acompasada, se pierde en mi oído izquierdo. Tu labios juguetean con mi lóbulo, mi mano derecha se entretiene redondeando tus pezones y la izquierda, impaciente, desciende por tu tripa, y mientras mis rodillas abren tus piernas, se cuela entre tus muslos. Aún llevas algo de ropa, te acaricio por encima de ella y cuando ya no puedo más, y cuando ya no puedes más, me doy la vuelta. Me situo frente a ti y comienzas a besarme mientras me recojo el pelo. Me ayudas a desprenderte del pequeño trozo de algodón que te cubre y comienzo a descender desde tu ombligo, del que me despido con seis besos...



lunes, 4 de mayo de 2009

Adivinanzas

Te dije que terminarías recogiéndote el pelo para mí, y ni tu inocencia ni tú, entendisteis el por qué. Satisfecha tu duda y resueltos mis placeres, puedes volver a soltarlo


lunes, 27 de abril de 2009

Esto es Mitte y es Berlín; lo demás, apenas ensayos de la noche.

Avanza la noche y dos mujeres se besan a mitad de la calle sin que un dedo flamígero las señale; un hombre elegante pasa llorando por-quién-sabe-qué-cosa y nadie lo mira; por ahí una joven arrastra un radiador, tirando de él como si fuera un perro; un lector demorado hojea con aburrimiento y a la luz de un farol el Berliner Zeitung, y las bicicletas -que no los coches- cruzan y dibujan la geografía de Berlín como si fueran las flechas de una tribu de indios que ha declarado la guerra a un enemigo desconocido

Querer entender a Berlín es asumir una actitud que, como no sea al psiquiatra, no conduce a ningún sitio.
Mejor es dejarse llevar por la mano de una ciudad bizarra que vestida de neón no defrauda a nadie. Por ahí, en algún sitio -de nada sirve dudarlo- hay una mujer otoñal que bailando espera la llegada de su Humphrey Bogart; o un Humphrey Bogart que, harto de sí mismo, desea que a sus espaldas, entre sudor, humo de cigarrillo y alcohol metabolizado, aparezca Ingrid Bergman para redimirlo ¿Siempre tendremos Berlín? No, Berlín nunca es para siempre.

Un violinista callejero hace sonar el Ave María de Schubert para despertar a Berlín y ganarse unas monedas, aunque bien es cierto que nadie ha dormido. El Nacht Bus va recogiendo a tantos seres tan dispares y distintos que bien podría tratarse de una versión postmoderna del Arca de Noé. Suben el punk y su pastor alemán que se dirigen hacia ningún sitio, pero siguen juntos y se les mira felices. Abordan las prostitutas, los indigentes, la pareja de adolescentes que quizá mañana despierten juntos sin haber intercambiado entre sí la contraseña de sus nombres. Más tarde un francés, un turco, un vendedor peruano, una italiana, un judío. Convoy de damnificados que, gracias al cielo, no se dirige a Auschwitz sino a casa, y recorre las calles de Berlín custodiado por la fragilidad de unos cuantos locos que pedalean invencibles por Mitte, Wedding, Prenzlauer Berg, Schöneberg, Kreuzberg, Tiergarten….

Es entonces que alguien saca de su bolso un papel amarillo que compró a el más mitológico de los animales modernos: un vendedor de poemas con sombrero a lo Rembrandt, chaqueta amarilla y tristeza en la mirada. Se ajusta los cascos y lee:


(...) ¡Qué exuberancia
en este loco mundo
sobre este barco bamboleante!
Pero así es la vida extrañamente bella
y me gustaría, como ayer
morir en un nuevo día,
el que ya me ilusiona,
cantando abrir mi hogar de flores y
jugar con todo lo que allí hay y llega
en el circo de la vida
variopinta.














































jueves, 16 de abril de 2009

domingo, 5 de abril de 2009

La cornisa de las cosas imposibles

Malos tiempos para ser incoherente, impulsiva, espontánea. No es muy maduro eso de llevarse la contraria a una misma. No queda bien intuir en lugar de razonar. No parece inteligente tener corazonadas y sentir en consecuencia. Siempre aparece una Wendy Pan dispuesta a recordarte que igual Nunca Jamás valió la pena. Siempre hay una mirada condescendiente deseándote suerte... otra vez.

Pues yo me niego, oiga.

A todos aquellos que alguna vez se han dejado la piel por dejarse llevar, a todos los que mandaron su razón a la mierda y lo hicieron de todo corazón, a los que ya no encuentran porque se lo han buscado, a los que prefieren vivir de esta manera antes que irse muriendo de cualquier otra, a los que eligen desterrarse de toda estabilidad y exiliarse de cualquier cosa parecida a la comodidad. Hedonistas por encargo, suicidas a domicilio, inquietos por vocación.



jueves, 2 de abril de 2009

miércoles, 1 de abril de 2009

La más guapa de la clase

Apareció por el salón con una botella de vino en la mano. Sonaba ésta canción, la bailaba mientras abría la botella con un sacacorchos y sostenía un cigarrillo entre sus labios. Podía pasarme horas observándola. Era insultantemente guapa.
No, definitivamente no se puede ser la más guapa de la clase cuando eres la profesora.

Conseguí robarle algunos besos y un libro de Chagall.


domingo, 29 de marzo de 2009

El juego del teléfono

De cinco a seis y cada 3x4

Solía pasar siempre a la misma hora.

Sus desgastados zapatos arrastraban por la acera tirando de un cuerpo estirado y robusto que dejaba escapar retazos de una fornida juventud. Sus manos, anudadas a la espalda, blanqueaban la calle con el humo de un cigarrillo negro a medio consumir. Siempre vestía un traje de chaqueta. Siempre el mismo. De un beige claro, gastado... oxidado y donde el lino había acogido sin rubor el paso del tiempo. La azotea de su cuerpo la coronaba un sombrero marrón que brindaba sombra a una tez oscura llena de surcos, y por donde alguna vez que otra, bajaba una gotita de sudor despistada que el atrapaba con un pañuelo solitario que sacaba del bolsillo de su chaqueta. El destello azul de unos ojos pequeños y escondidos dulcificaba su expresión. Y el, dulcificaba mis días.

Solía silbar una canción, lo cual para mi se traducía en una sutil felicidad que dejaba escapar de entre sus labios. Siempre silbaba la misma. La reconocí el primer día que la oí; mi despertar melómano coincidió con el descubirmiento de mi hermano del gran Sinatra , y por aquellos entonces, sus canciones solían subir en espiral por el hueco de la escalera de la casa de mis padres hasta mecerse en mis oídos. El siempre silbaba una de las de entonces y su rápido reconocimiento me hizo esbozar una sonrisa y despertar mi atención que ya siempre, y a esa hora, se centró en el.

Yo siempre lo esperaba en la puerta y a su paso, le daba los buenos días. El me regalaba una sonrisa y continuaba su camino hacia ningún lugar hasta que su silbido, el arrastrar de sus pies y sabe Dios qué más, se perdía calle abajo. A veces detenía sus pisadas en medio del paso de peatones, desanudaba sus brazos de la espalda y abrazaba a una mujer imaginaria con la que bailaba haciendo círculos las notas de su canción. La primera vez que lo vi de puntillas abrazando por la cintura al aire casi salgo corriendo a rellenar con mi cuerpo tan delicado vacío.

Una vez a su paso se detuvo ante mí y con una reverencia de la más digna de las princesas saco de su sombrero una margarita que sembró entre mis manos. Recolocó el sombrero en su desordenada cabeza con una serenidad enternecedora, y continuó su caminar sin destino. Yo le puse letra a los acordes silbados que ya comenzaban a flotar en el aire y le canté su canción. -Sos muy linda- me dijo, y me dedicó una sonrisa a la que acompaño la rubrica de unos pasos de su baile.

Me quedé observándole calle abajo con su margarita entre mis manos y al llegar a la altura del muro, aquel viejo adorable alzó la pierna para anudarse el cordón del zapato. Y mientras silbaba feliz y hacía la lazada, el pernil de su pantalón dejó adivinar un calcetín lleno de colores por donde asomaba la cara de Mafalda.

Después de un tiempo descubrí que más arriba de la calle había un centro psiquiátrico donde vivía mi viejo amigo, y que sus paseos correspondían a su la hora de recreo diaria. Estaba loco decían.

Y entonces yo, también deseé estarlo.


sábado, 14 de marzo de 2009

...




Sé que son doce. Doce lunares franquean tu espalda. Yo siempre vuelvo a contarlos y ellos, desafiantes, orgullosos y soberbios me invitan a cogerte del pelo. Una vez más. Otra vez más.

A mi ese me parece un buen comienzo, aunque contigo, con tu espalda, tus lunares y cada una de tus constelaciones de pecas, los finales siempre me han gustado más.

Hoy la música la pones tú...

viernes, 6 de marzo de 2009

Louie Austen - Glamour Girl (Hotel Costes)

Jean-Louis Costes, propietario del famoso hotel parisino que lleva su apellido, ofrecía a finales de la década de los noventa a un joven Stephané Pompougnac tomar las riendas musicales del mencionado hotel. Convirtiéndose así en Dj residente, Pompugnac atrajo con sus personales sesiones, alejadas de pistas de bailes, a la clientela más sofisticada de París. La gente salía de allí sientiéndose el colmo de la modernidad.

En 1999 y ante las incesantes peticiones de la clientela de obtener copias de dichas sesiones, veía la luz el primer recopilario compilado por el joven Dj editado por la discográfica francesa Pschent. Su nombre Hotel Costes.

No soy partidaria de las recopilaciones. Pero considero que los Hotel Costes son una herramienta imprescindible para tener cierta idea de que se está componiendo en el panorama del electro-pop,nu-jazz, lounge, trip-hop, nu-soul...

Sofisticados, elegantes, delicados en la selección de los temas, exquisito en los remixes... ¡ADORO A LOS PUTOS HOTEL COSTES!

Hace dos veranos pinche este tema en un bar de tonos azulados en algún lugar cerca del mar. Una chica con un vaporoso vestido blanco lo bailo encima de una mesa y yo quise soltar los platos y bailarlo con ella. O junto a ella. O sobre ella. No sé bien..


lunes, 2 de marzo de 2009

Jane Birkin - Lolita Go Home

Definitivamente nací en la década y en el lugar equivocado.