El equipo de música de mi habitación nunca tuvo la hora ajustada. De esta forma la luz verde del 00:00 parpadea. Toda la noche. Y yo creo que estoy en un motel de carretera...
Existen melodias que merecen un auténtico ritual. Esto es; unos buenos cascos, una luz tenue, anaranjada a ser posible, y unas varitas de Nag Champa. Sólo por citar alguno de ellos.
Os aseguro un viaje por los sentidos*
Y ahora me voy a la Lisboa de Pessoa, la de los tranvías amarillos y los cafés con fado. La de los restaurantes decimonónicos y las farolas color ocre. Existen lugares que uno nunca debería perderse y suelen ser lo mismos a los que uno siempre desea volver.
Traere una post[al]
*La calidad de sonido del video es francamente mala, quizá las emociones se vean resentidas. Escuchar el original en el reproductor es...ay.
Cinco minutos para esbozar una sonrisa, para reconciliarse un poco con el planeta, para no desesperar ante tanta injusticia... Con la música como excusa para recorrer medio mundo con un mensaje de paz. De Sudáfrica a Barcelona, pasando por California y Pisa.
Detrás de esta aventura socio-musical se encuentra el proyecto 'Playing for change', coordinado por Mark Johnson, quien hace más de siete años decidió reunir a un grupo de colaboradores, coger un equipo de grabación móvil, una cámara y recorrer el mundo en busca de músicos callejeros.
El objetivo de toda esta iniciativa es dar oportunidades a quienes tratan de ganarse la vida desplegando su arte en la calle y mejorar, en la medida de lo posible, sus condiciones de vida. La música siempre ha sido un lenguaje universal y ellos quieren que este mensaje llegue a todos los rincones. A través de su fundación, ya han podido levantar la primera escuela de música de la Fundación Playing for Change en Sudáfrica. Y la música sigue sonando.
A veces me gustaría llevar sombrero. Para poder quitarmelo, claro.
Llueve. No es necesario asomarme a la ventana para saberlo. A veces, sé que llueve...así sin más. Lo noto, lo siento.
En mi casa, siempre sonó el Jazz en invierno. Trepaba por el hueco de la escalera que lleva hasta a mi habitación, como una emboscada excepcional de intervalos mudos y se metía por todos los rincones, nada que ver con el oído, activando unos resortes que yo, ni siquiera sabía que existian. Algunas veces el sonido venía acompañado de los olores que emanabn de los fogones. Bajaba hipnotizada, como si Hamelin hubiera depertado caprichoso para mi, y apoyada en el quicio de la puerta sonreía al encontrar a mis padres bailando en la cocina.
Llueve. Y algo me empuja hacia el salon. Rebusco entre los discos, paseo mis manos con cuidado por los cartones. Los acaricio, los observo con la emoción de quién ve nevar por primera vez. Sonrio al encontrar piezas olvidadas. Este es perfecto, si. Le dejo las motas de polvo en los surcos y me limito a brindarle el tímido y delicado soplido que aprendí de mi hermano. Él siempre lo hizo mejor; el pulso cuidadoso, el paño delicado, la despedida del aíre de sus labios. Cuando lo miro hacer su ritual siempre pienso que sería una bendición que alguien me soplara a mi así en la nuca. Muy poco a poco dejo caer el diamante de la aguja en el carambano azulado encapuchado de música, me ajusto los cascos, me tumbo en el sillón de pensar y cierro lo ojos.
Es invierno y llueve. La nostalgia tiene nombre y suena así:
Hoy no soy yo quién asocia un determinado momento con una canción. Bossasonic describe "Cluf Life" como la idea de crear un proyecto musical que sonase, literalmente, a fiesta de verano. Y han dado justo en el centro de la diana.
"Club Life" rezuma verano en cada tema. En concreto, el tema que extraigo, no puede ser mas Martíni, más terrecita con ánimo chill. Yo y mis pájaros lo elegiriamos para iniciar los preparativos de una fiesta, sí, de esas con bombillitas blancas alrededor de los árboles y cocktail junto a la piscina.
Y ya se que es invierno, pero hoy en mi jaula, amaneció soleado.
I will neeever knooow… cause you will never shoooow...
Durante tres días del mes de Agosto de 1969, a pesar de las lluvias, el barro y las instalaciones insuficientes, más de 400.000 personas se abarrotaron en un encuentro que pasaría a la historia. Woodstock se convirtió en el icono de una generación de norteamericanos hastiada de las guerras y que pregonaba la paz y el amor como forma de vida (paz y amor aliñados, por otra parte) y mostraban su rechazo al sistema.
Quizá, y solo digo quizá, todo tiempo pasado fue mejor.
Si tú supieras la de cosas que podríamos hacer juntas las dos...En tu casa, en la mia, en algun baño perdído de Edimburgo, en un local de ensayo cualquiera..¿Qué mas da donde? Lo que importa es el ¿cuando?
Soy zurda, calzo un 38 y soy una Dj frustrada que en sus ratos libres diseña madrugadas.
Y no tengo cabeza, tengo una jaula... para todos mis pájaros.
Además soy Sabia.